Datos y cifras
- Se entiende por dislipidemia una cantidad anormal de grasas, o lípidos, en la sangre, que se suele manifestar en un nivel elevado de colesterol total o LDL («malo»), unos triglicéridos elevados o un nivel bajo de colesterol HDL («bueno»). La dislipidemia es uno de los principales factores de riesgo modificables de las enfermedades cardiovasculares.
- Se estima que, en todo el mundo, el 39 % de los adultos presentan un nivel elevado de colesterol total, siendo la diferencia entre mujeres y hombres pequeña (40 % por 37 %). La prevalencia sigue siendo más alta en los países de ingreso alto de Europa y las Américas, si bien actualmente está aumentando a mayor velocidad en los países de ingreso bajo y mediano.
- En 2023, un nivel elevado de colesterol LDL fue el responsable de aproximadamente 3,6 millones de muertes y 90,7 millones de años de vida ajustados en función de la discapacidad (AVAD) en todo el mundo, principalmente por su contribución a la cardiopatía isquémica y al accidente cardiovascular isquémico.
- La hipercolesterolemia familiar, una forma hereditaria de colesterol sumamente elevado desde el nacimiento, afecta aproximadamente a una cifra que oscila entre 1 de cada 250 y 1 de cada 300 personas en todo el mundo; con todo, la mayoría de la población que presenta esta afección descubre el diagnóstico cuando sufre un primer infarto de miocardio.
- La dislipidemia no suele tener síntomas propios. Se detecta mediante una prueba de lípidos en sangre, por lo que los análisis en la atención primaria son esenciales para un diagnóstico precoz.
- Los niveles de lípidos a menudo pueden mejorarse sustancialmente con una dieta más saludable, actividad física periódica y dejando de fumar, y, cuando sea necesario, con medicamentos que reducen los lípidos, como las estatinas. Estas son algunas de las intervenciones más costoeficaces existentes para prevenir los infartos de miocardio y los accidentes cerebrovasculares.
Generalidades
Se entiende por dislipidemia un desequilibrio en las grasas que transporta el torrente sanguíneo. Los parámetros principales son el colesterol total, el colesterol de las lipoproteínas de baja densidad (colesterol LDL), el colesterol de las lipoproteínas de alta densidad (colesterol HDL) y los triglicéridos. El colesterol LDL es la forma que interviene de manera más directa en la enfermedad: se deposita en las paredes de las arterias y provoca la acumulación gradual de placa aterosclerótica, lo que acaba provocando un infarto de miocardio, un accidente cerebrovascular o una arteriopatía periférica. El colesterol HDL, por su parte, ayuda a eliminar el exceso de colesterol del torrente sanguíneo, y unos niveles bajos se asocian a un mayor riesgo cardiovascular.
La mayoría de las dislipidemias se describen como primarias, y son el resultado de una combinación de dieta, estilo de vida y sensibilidad hereditaria que varía de una persona a otra. Una proporción menor es secundaria, es decir, que se deben a una enfermedad preexistente, como la diabetes, una tiroides hipoactiva o una nefropatía o una hepatopatía crónicas, o a determinados medicamentos; tratar la causa subyacente también suele mejorar el perfil lipídico.
Un subconjunto distinto e importante de la dislipidemia es la hipercolesterolemia familiar, una afección hereditaria presente desde el nacimiento que provoca un colesterol LDL ostensiblemente elevado, con el correspondiente riesgo elevado de sufrir, si no se trata, una cardiopatía prematura. Al ser de origen genético, tiende a transmitirse en las familias y a menudo puede detectarse en el resto de familiares una vez la persona ha recibido un diagnóstico, mediante un proceso conocido como prueba en cascada.
Síntomas
La dislipidemia es, prácticamente en la totalidad de los casos, completamente silenciosa. No produce dolor, ni molestias, ni lanza avisos y, a menudo, el primer indicio de que algo va mal es un análisis de sangre rutinario o, en el peor de los casos, un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular.
Unos niveles de colesterol muy elevados o de larga data, especialmente en lo que respecta a la hipercolesterolemia familiar, pueden producir de vez en cuando síntomas visibles: pequeños depósitos amarillentos de grasa bajo la piel que rodea los párpados, conocidos como xantelasmas; depósitos grasos en los tendones, en particular en la parte posterior del tobillo o en los nudillos; o un anillo pálido alrededor del borde de la córnea, conocido como arco corneal, visible sobre todo cuando aparece en personas menores de 45 años. Estos indicios no son la regla, sino la excepción, motivo por el cual las pruebas son la base para la detección.
Causas y factores de riesgo
La dieta desempeña un papel clave: una dieta rica en grasas saturadas y grasas trans, carbohidratos refinados y un exceso de calorías tiende a aumentar el colesterol LDL y los triglicéridos, mientras que la falta de actividad física y la obesidad agravan el efecto. El consumo de alcohol eleva los triglicéridos, y el consumo de tabaco reduce el colesterol HDL protector, lo que se suma al resto de daños que provoca en el sistema cardiovascular.
La genética contribuye sustancialmente a la manera como los niveles de lípidos de cada individuo responden a la dieta y al estilo de vida y, en el caso de la hipercolesterolemia familiar, una sola variante genética es suficiente para provocar un colesterol claramente elevado, independientemente de si la persona lleva una vida saludable. Es preciso tener en cuenta y tratar, cuando estén presentes, las causas secundarias, como la diabetes, el hipotiroidismo, las enfermedades renales y hepáticas crónicas y ciertos medicamentos. El riesgo también aumenta con la edad y, en las mujeres, el perfil lipídico suele cambiar tras la menopausia.
Diagnóstico
La dislipidemia se diagnostica mediante un perfil de lípidos sanguíneo que mide el colesterol total, el colesterol LDL, el colesterol HDL y los triglicéridos; gracias a las orientaciones actuales, cada vez es más posible realizar esta prueba sin ayuno previo, de modo que el diagnóstico es considerablemente más práctico. Los resultados no se interpretan en función de un único valor de referencia universal, sino en el contexto del riesgo cardiovascular general de la persona, teniendo en cuenta factores como la presión arterial, la diabetes, si la persona consume tabaco y la edad, ya que un mismo nivel de colesterol LDL puede requerir una respuesta distinta en un adulto joven de bajo riesgo y en una persona con diabetes o una cardiopatía diagnosticada.
Elaborar una historia clínica familiar detallada es una parte importante de la evaluación, sobre todo para detectar la hipercolesterolemia familiar: un colesterol notablemente elevado en una persona, o antecedentes de infarto de miocardio a una edad temprana en un familiar cercano, deberían hacer pensar en un componente hereditario y, en caso de confirmarse, la conveniencia de someter a pruebas a los familiares.
Tratamiento
La base del tratamiento para casi todas las personas con dislipidemia es la introducción de cambios en el modo de vida. Reducir las grasas saturadas y las grasas trans, aumentar la ingesta de frutas, verduras, cereales integrales y fibra, alcanzar y mantener un peso saludable, hacer ejercicio periódicamente, limitar el consumo de alcohol y dejar de fumar puede reducir significativamente el colesterol LDL y los triglicéridos y aumentar el colesterol HDL, a veces sin necesidad de medicamentos.
Cuando el cambio en el modo de vida por sí solo no basta para alcanzar el nivel objetivo deseado por el tratamiento, o cuando el riesgo cardiovascular general de la persona es elevado, se prescriben fármacos. Las estatinas son el tratamiento de primera línea en prácticamente todas las directrices, y figuran en la Lista Modelo OMS de Medicamentos Esenciales desde 2007, lo que demuestra que la evidencia de su papel a la hora de reducir los infartos de miocardio, los accidentes cerebrovascular y las defunciones es sólida. Cuando las estatinas por sí solas no bastan o la persona no las tolera, pueden utilizarse fármacos adicionales u alternativos. Las personas con hipercolesterolemia familiar suelen requerir un tratamiento más temprano e intensivo, así como pruebas en cascada para sus familiares.
Prevención
A nivel poblacional, reducir la cantidad de grasas trans y de grasas saturadas producidas industrialmente en la oferta de alimentos, apoyar un etiquetado nutricional más claro y hacer que los alimentos saludables sean más accesibles y asequibles contribuye, en su conjunto, a reducir los niveles medios de colesterol.
A nivel individual, las mismas medidas para tratar la dislipidemia también la previenen: una dieta saludable, actividad física periódica, evitar el consumo de tabaco, moderar el consumo de alcohol y, en el caso de personas con antecedentes familiares de cardiopatías tempranas o niveles muy elevados de colesterol, realizarse las pruebas en lugar de esperar que se manifiesten unos síntomas que probablemente no aparecerán.
Respuesta de la OMS
La Organización Mundial de la Salud no trata la dislipidemia en el marco de un programa independiente sino, sobre todo, como uno de los factores de riesgo intermedio de las enfermedades cardiovasculares dentro de su enfoque más amplio sobre las enfermedades no transmisibles. REPLACE, el conjunto de intervenciones de la OMS para eliminar las grasas trans producidas industrialmente del suministro mundial de alimentos, se dirige contra uno de los principales vectores dietéticos que causan unos niveles poco saludables de colesterol en la población. Las próximas directrices clínicas de la OMS sobre la dislipidemia servirán como herramienta para ayudar a los países y a los profesionales de la salud a mejorar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de la dislipidemia.
Las estatinas figuran en la Lista Modelo OMS de Medicamentos Esenciales desde 2007, y forman parte de las recomendaciones costoeficaces de la OMS en materia de farmacoterapia para controlar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y para la prevención secundaria tras un infarto de miocardio. El módulo de gestión de enfermedades cardiovasculares en función del riesgo de la iniciativa mundial HEARTS, y el conjunto de la OMS de intervenciones esenciales ante las enfermedades no transmisibles conexo, animan a los trabajadores de atención primaria a evaluar los niveles de lípidos allá donde existan instalaciones de laboratorio como parte de la evaluación del riesgo cardiovascular global y no de forma aislada, y a que den prioridad al tratamiento en consecuencia. En el marco del Plan de Acción Mundial para la Prevención y el Control de las Enfermedades No Transmisibles 2013-2020, los Estados Miembros se comprometieron a garantizar que al menos el 50 % de las personas que lo necesitaran recibieran farmacoterapia, incluido tratamiento para reducir los lípidos, a fin de prevenir los infartos de miocardio y los accidentes cerebrovasculares para 2025. La OMS reconoce la hipercolesterolemia familiar como una prioridad de salud pública desde 1998 y sigue apoyando una mejor detección y un tratamiento más temprano de la afección. Los niveles de colesterol de la población se controlan a través del Observatorio Mundial de Salud de la OMS y las encuestas nacionales STEPS, que contribuyen al seguimiento a escala mundial de los factores de riesgo cardiovascular.